Los lunes son tan cansinos, tan fatídicos, tan obligados a desaparecer, que no merecen más de tres líneas por comentario.

Lo único que da sentido a los lunes es la falta de lucided de nuestras mentes, que hace que nuestras bocas suelten perlas como la de la señora Miriam: me voy a la cama, que estoy fatal de la muerte de los pies.

Lunes tenía que ser.