En el lugar donde vivimos tenemos la particular característica de tener que entregar un trabajo de investigación. Y digo particular, porque en el resto de territorio (no entraremos en debates nacionalistas) este trabajo no existe, nadie sabe lo que es. Y es que, aún aquí, que nos vemos obligados a hacerlo, ni sabemos lo que es ni para qué sirve. Bueno, para qué sirve sí: ¡para nada! Únicamente sirve para hacer perder el tiempo y para que los estudiantes vayan más estresados y hagan un trabajo que acaben odiando.

En fin, dejando a parte opiniones sobre dicho trabajo, que nos harían estar aquí horas y horas de las que no disponemos, volvamos al tema que nos interesa: las perlas cultivadas. Teniendo en cuenta que en la semana que describimos se entregaba el precioso trabajo, las perlas era difíciles de encontrar y -por supuesto- más alocadas y extravagantes que nunca.

La primera de ellas fue encontrada después de la pausa matinal en la que la propietaria de tal perla se había comprado su desayuno. Pues la perla en cuestión fue la siguiente: ¡¿Dónde está mi Kinder Bueno?! dicho en un momento de pánico estresante. A la que se le respondió por unanimidad: ¡Ya te la has comido! Dejamos a la propietaria de la perla totalemte fuera de órbita, que se daba cuenta que lo más grave era que no se acordaba de que ya lo había comido... No podía haber sido otra concha...

La misma, al día siguiente, pronunció la segunda perla de la semana en un momento de casi histeria: ¡Odio que me toquen el pelo y me empujen a la vez! Imaginarse la escena lo dice todo...

Y ya, por fin, el día de la entrega del trabajito nos dejó las dos últimas perlas de la semana. La primera fue dicha por la misma concha que dijo las dos anteriores: Mira, mira, me grapo el ojo. Sin comentarios... Y la última fue: Hacer el mosaico me quitó vista, que hizo gracia a una del Speaker's corner después de comentarle el trabajo de plástica que había tenido que hacer con lentejas... Y es que, realmente, me quitó vista... Lamentable pero cierto.